La Red de Economía Alternativa y Solidaria (REAS Red de Redes) está impulsando la puesta en marcha de lo que se denomina Mercado Social: “Una red de producción, distribución y consumo de bienes y servicios que funciona con criterios éticos, democráticos, ecológicos y solidarios, constituida por empresas y entidades de la economía social y solidaria junto con consumidores y consumidoras individuales y colectivos. Cuyo objetivo es que esta red permita cubrir una parte significativa de las necesidades de sus participantes y desconectar la economía solidaria de la economía capitalista, tanto como sea posible”.
En cuanto a la organización del funcionamiento del Mercado Social cada red territorial está trabajando en la forma de la puesta en marcha del mismo, adaptada a sus necesidades. Pero todas trabajamos por un objetivo común:
“Construir un espacio de consumidoras, proveedores y distribuidoras, donde la ciudadanía podamos ejercer nuestra opción de consumo con compromiso social”.
La creación del Mercado Social pretende impulsar:
La idea de mercado social surge hace unos años en el ámbito de REAS y en ella influyen varios factores:
LA NECESIDAD DETRANSFORMAR:
Desde el pensamiento económico dominante, el mercado es concebido como el ámbito donde se organizan los intercambios de bienes y servicios entre vendedores/as y compradores/as conforme a un sistema de precios regulado por la oferta y la demanda. Desde REAS no compartimos esta visión, al contrario somos de las que creemos que se trata de una construcción social que, tal como ha evolucionado a lo largo de la historia, debe y puede seguir evolucionando. Por ello planteamos la necesidad de incorporar al mercado los valores de equidad, solidaridad y sostenibilidad.
LA NECESIDAD DE SOBREVIVIR:
En general, nuestras entidades son pequeñas en tamaño y cuentan con estructuras económicas frágiles. A su vez, ofrecemos productos y servicios de muy alta calidad y con un gran aporte social y ambiental. Necesitamos reforzar la ínter cooperación entre entidades y el apoyo mutuo para minimizar nuestras debilidades y a su vez, hacer más visibles nuestras fortalezas pues de lo contrario, muchos proyectos podrían desaparecer.
AFRONTAR Y CANALIZAR EL CRECIMIENTO DE ENTIDADES PRODUCTORAS DE BIENES O SERVICIOS:
El sector de la Economía Social y Solidaria sigue experimentando un importante crecimiento año tras año.Cada vez son más las personas y grupos que se plantean el que “no todo vale” y ponen en marcha proyectos socioeconómicos que responden a necesidades reales de la población con valores y prácticas participativas y respetuosas con el entorno.
AFRONTAR Y CANALIZAR EL CRECIMIENTO DE CONSUMIDORES Y COMSUMIDORAS CONSCIENTES INDIVIDUALES Y COLECTIVOS:
De la misma manera, cada vez somos más los/as consumidores/as que “miramos la etiqueta de los productos”: dónde se ha fabricado, cómo, con qué valores, etc. Sin embargo existen consumidores/as comprometidos con la agricultura ecológica, otros con el comercio justo, otros con el ahorro ético o la economía solidaria… pero en ocasiones, este consumo comprometido es sectorial y los que por ejemplo consumen agricultura ecológica no consumen productos de comercio justo o viceversa. Las sinergias que se dan entre entidades productoras responsables y consumidores/as conscientes debemos reforzarlas y dotarlas de una mayor globalidad.
En todas las fases del ciclo económico surgen iniciativas populares regidas por valores distintos de los capitalistas: propiedad común, cooperación, democracia, equidad, compromiso social, sostenibilidad...
En la producción, se extienden las cooperativas de trabajo, las asociaciones que gestionan servicios sociales, la emergente producción colaborativa por internet creadora de nuevos bienes comunes, ahora digitales, etc. En la comercialización, disponemos de cooperativas de consumo y de servicios, de tiendas de comercio justo y de segunda mano, etc. En la distribución, contamos con las experiencias de presupuestos participativos y de otros sistemas solidarios y participativos de reparto del excedente. En el consumo, proliferan las prácticas de consumo crítico y responsable, tanto por parte de personas como de empresas, entidades e, incluso, de algunas administraciones locales. En el crédito, se está conformando todo un tejido de finanzas éticas y de monedas sociales integrado por fondos solidarios como las comunidades autofinanciadas (CAF), las redes de intercambio con moneda propia, Fiare y Coop57.
Todas estas iniciativas –la producción cooperativa, los bienes comunes, la comercialización solidaria, la distribución participativa, el consumo responsable, las finanzas éticas y las monedas sociales– conforman lo que denominamos economía social y solidaria.
Sin embargo, una de las principales debilidades de este sector socioeconómico, que se está convirtiendo al mismo tiempo en un movimiento social, es que sus agentes no están vertebrados económicamente entre sí, sino que se subordinan, directa o indirectamente, al mercado capitalista. Muchas empresas solidarias no participan en las finanzas éticas ni comercializan sus productos a través de la comercialización solidaria, ni tampoco trabajan con proveedores del sector. El consumo responsable aún es muy débil; podemos afirmar que no existen propiamente consumidoras responsables sino tan solo algunas prácticas dispersas de consumo responsable dentro de una mayoría de actos de consumo que van a engordar las empresas capitalistas. Las finanzas éticas aún tienen poca capacidad para financiar las empresas solidarias.
Si queremos avanzar en nuestra finalidad de transformación social a través de lo económico, necesitamos dar otro paso más; necesitamos ínterconexionar todos estos sectores mostrando y haciendo visibles nuestras propuestas a la vez que reforzamos nuestra íntercooperación.
Intercooperar en este contexto, significa algo tan básico como priorizar nuestras necesidades de compra de bienes o servicios eligiendo como proveedor a una entidad de economía social y solidaria, la cual, también prioriza sus compras eligiéndonos como proveedores cuando ésta demande un servicio o producto de nuestra entidad.
Pero esta intercooperación debe tomar más fuerza y ser practicada de manera cotidiana por las personas que trabajan en el sector y por otras personas que quieran ejercer su opción de consumo con compromiso social, tratando de crear entre todos/as, nuevos proyectos socioeconómicos compartiendo excedentes y recursos mediante asociaciones, cooperativas de segundo grado y grupos cooperativos.
Desde REAS entendemos que el Mercado Social ha de ser impulsado conjuntamente desde las organizaciones representativas de los sectores cooperativos, de la economía solidaria y social y del consumo responsable. Pretendemos que la creación de estos mercados sociales sea un proceso participativo, de modo que se impliquen en el mismo desde el principio el mayor número posible de entidades y personas que apuestan por la economía solidaria y social en nuestros territorios, aportando propuestas concretas para su puesta en marcha.
Pensamos que hay que construir instrumentos, herramientas que nos acerquen, que faciliten la ínter cooperación y el apoyo mutuo pues entendemos que sólo así, podremos dar respuestas globales a los diferentes desafíos que tenemos como sociedad civil.
“Si queremos transformar el mundo o esperamos a que otros lo promuevan o lo promovemos nosotros/as mediante alternativas propositivas incluyentes que demuestren que hay otras formas de producir, de consumir, de relacionarse económicamente…”
En resumen
Los integrantes del mercado social serán:
Además el Mercado Social contará con otros mercados de soporte como: